10 de junio de 2012 Espejo Retrovisor: Los sordos musicales de “Lost and Sound”
por Leopoldo Villarello Cervantes |
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La sección “Cuadrante” de Distrital. Cine y otros mundos, fue una de las más atrayentes para quienes tenemos predilección por lo relacionado con la música contemporánea y su conexión a lo cinematográfico.
En este apartado del festival, que recién concluyó su tercera edición, cupieron perfiles y confesiones de leyendas del rock inglés (Ray Davis, Dave Davis, The Kinks); conversaciones con líderes de bandas independientes (Adam Green), documentales sobre Pulp, Tortoise, y la baterista de Hole; solistas fuera de la escena comercial (Andrew Byrd); rememoraciones de una tienda de discos de los años ochenta en la ciudad de México; y hasta una biografía documental del compositor francés Serge Gainsbourg.
También hubo lugar para trabajos en relación a personas que han perdido el sentido del oído, como la cinta “Lost and Sound” (2012), un juego de palabras con el “Lost and Found” en referencia a lo que sienten, padecen, viven, y la manera en que se han sobrepuesto, consiguiendo avanzar en su existencia.
Destaca, por ejemplo, el músico y melómano quien ya adulto, un día amaneció solamente oyendo de un solo lado; la niña que por causa de la meningitis cuando era bebé se volvió sorda; o la joven que nació con esa limitante.
El documental, dirigido por la británica Lindsey Dryden, hilvana los tres dramas y sin sucumbir en cuestiones de superación personal, instruye y razona en sus motivaciones, en lo que han atravesado y en el caso de la niña y la joven, el sostén de los padres, o la maestra que se ha consagrado por tiempo a la infante, quien toca el piano con naturalidad y solvencia.
El hombre tiene una extensa colección de discos y platica la diferencia para escuchar música en su situación actual. Dryden, también con privación de un oído, recrea con gráficas y efectos lo que el protagonista dice sentir, equiparándolo a la arquitectura y al bosquejo, al escuchar plano y sin ciertos contrastes.
Al observar a la joven bailarina en sus movimientos, por su armonía y plasticidad, creeríamos que oye a la perfección. O a la pequeña, practicando frente al piano. A ambas les han instalado un injerto con un tubo y un aparato auditivo que les ha enmendado un poco su padecimiento.
Lo sobresaliente, en el caso de la muchacha, es que al haber nacido sorda los médicos tratan de analizar cómo le llegan los sonidos, pues la niña sí alcanzó a escuchar en sus primeros meses y tiene ese respaldo.
Para los tres casos se dibujan en efectos computacionales ejemplos del interior del cerebro, se explica cómo funcionan en cada situación, en qué parte se guarda las memorias, los reflejos.
Para el músico, la exposición de su problema se da en una conversación por la computadora, donde puede observar lo que le señala el médico. Su dilema de aceptar el injerto y un ruido en el oído dañado lo soslaya cuando revisa sus anaqueles atiborrados de discos. Sabe exactamente dónde está cada uno. Muestra varias joyas de su colección. Reflexiona en el tiempo que le ha costado volverlos a escuchar, y piensa que prefiere eso a tener el “ruidito” encima.
La figura de Beethoven flamea en el tema. La sinfonía que compuso cuando ya estaba sordo se escucha de modelo y de fondo, más para la niña pianista. La bailarina platica, con su voz de sorda, acerca de la compensación de los cinco sentidos al perder uno, por lo cual tiene mayor olfato, mejor tacto y vista.
“Lost and Sound” muestra una conciencia sobre la valía del cerebro humano, de su poder para captar la música, transportar la voz, permitir que gente con discapacidad auditiva pueda oír y así camine, baile y duerma sin dolencias.
El largometraje se proyectó en el marco de Distrital. Cine y otros mundos, cuya tercera edición se realizó del 1 al 9 de junio en diversas sedes de la ciudad de México.
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