18 de agosto de 2012 Placeres culpables: Un buen retro viaje con Diego Boneta
por Fabián de la Cruz Polanco |
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En los últimos meses, debido a la existencia del libro en el que hago un recorrido por la historia del teatro musical en la ciudad de México (“Magia pura y total”), muchos amigos y colegas se han acercado a mí para preguntarme sobre la presencia en los escenarios teatrales de musicales en los que se hace uso de temas compuestos para todo, menos para ser el hilo conductor de la historia de una puesta en escena.
Esto ha dado pie a severas discusiones y, en ocasiones, fricciones con aquellos que apoyan la creatividad de los autores de estas historias, así como de los equipos que unen sus talentos para llevar a escena las mismas, y esto por varias razones.
La principal de ellas, y la que siempre defiendo, es aquella en la que aseguro que al recurrir a temas grabados previamente, se rompe con la fórmula creativa del género del teatro musical, en el que sus obras están conformadas por una historia, música y letras creadas todas ex profeso para la ocasión.
Gracias a esto, quienes seguimos al teatro musical y los que no, hemos tenido la oportunidad de escuchar temas clásicos del género y que han traspasado los escenarios como “Noches de verano” (Vaselina), “Si yo fuera rico” (Violinista en el tejado), “No llores por mí Argentina” (Evita), “No sé cómo amarlo” (Jesucristo Superestrella) y “Sillas y mesas vacías” (Los miserables), entre otras.
Sin embargo, y retomando el tema principal de esta columna, hoy día existen varios proyectos que han logrado compaginar estos elementos y llevar a escena propuestas que han traspasado la barrera de la representación en vivo, para llegar al cine.
Una de ellas es la versión para cine del musical “Rock of Ages”, dirigido por Adam Shankman (el mismo que llevó a la pantalla la versión de la comedia musical “Airspray”), el cual hace un recorrido por algunos de los memorables temas de rock de la década del ochenta del siglo pasado, los cuales sirven de apoyo para narrar la historia de una joven pareja que se conoce en el Sunset Strip de Hollywood, mientras buscan hacer realidad sus sueños.
Además, la historia tiene el apoyo de otros personajes que también buscan alcanzar un objetivo fundamental para consagrar sus vidas, como un cantante consagrado que está en un punto decisivo en su carrera y en su vida; una reportera en busca de algo o alguien para continuar su vida personal y profesional; una aspirante a primera dama mojigata de clóset y una pareja gay que no se atreve a desenmascararse y consumar su amor.
Aunque para algunos la cinta resulta un tanto regular, debido a que su puesta en escena en teatro tenía mejores elementos, en lo que a la interpretación vocal e histriónica se refiere, en lo personal a mi me pareció un buen intento para acercar al público al género musical.
Ese logro se alcanza gracias a la historia de Chris D’Arienzo (el mismo que la creó para el teatro), Allan Loeb y Justin Theroux, en la cual se aprovechan cada uno de los temas musicales para contar una historia, sin haberlos incluido nada más porque sí, (mi principal aberración ante este tipo de proyectos, tomando como ejemplo algunos de los musicales “de rockola” que se han escenificado en México), logrando un balance perfecto.
Al respecto, Justin Theroux comentó que trabajar este formato de musical es una experiencia “totalmente distinta”, ya que en cierto modo, se escribe “de atrás hacia adelante” desde el punto de vista de la canción. Esta siempre es el centro emocional de los personajes en cualquier escena.
Él afirma que la canción se ocupa de la trabajosa escalada emocional para el público, pero él como autor de la historia debe construir rampas para subir y bajar esa pieza central; y en verdad alcanza ese objetivo.
Incluso comentó que la meta a alcanzar cuando se trabaja con este formato y que lo hace en verdad convincente, es que parte de la canción se debe interpretar como una actuación y la otra mitad como un diálogo o monólogo interno. Podría decirse que esa es la clave de la buena respuesta o no de un musical “de rockola”, mismos que tienen ya una historia no sólo en México, sino en otros países.
Hay que comentar que la banda sonora incluye popurrís que los une a la historia y no saturan al espectador. Entre ellos, podemos destacar “Paradise City”, “Sister Christian/Just Like Paradise/Nothin´But a Good Time”, “Juke Box Hero/I Love Rock´n Roll”, “Hit Me With Your Best Shot”, “Waiting For A Girl Like You”, “More Than Words/Heaven”, “Wanted Dead Or Alive”, y “I Want To Know What Love Is”, entre otros teniendo un total de 20 tracks con 26 temas.
Los intérpretes originales son, entre otros, Def Leppard, Joan Jett, Journey, Foreigner, Bon Jovi, Night Ranger, REO Speedwagon, Pat Benatar, Twisted Sister, Poison y Whitesnake. El disco fue producido por Adam Anders y Peer Astrom.
Otro atractivo de la cinta de Shankman es, sin duda alguna su elenco, mismo que está balanceado de luminarias del cine norteamericano y nuevos lanzamientos, tal y como lo hizo en “Airspray” en donde nos deleitamos con nombres como John Travolta convertido en una obesa y sobreprotectora “Edna”, Michelle Pfeiffer y Christopher Walken, entre otros, apoyando el lanzamiento estelar Zac Efron, después de “High School Musical” y el de una desaparecida Nikki Blonsky.
En esta “Rock of Ages” veremos en escena a estrellas como un debutante en el género musical Tom Cruise, que a pesar de ser defendido por el director de la cinta, argumentando que posee un rango de cuatro octavas siendo entonado, se escucha como uno de los vocalistas de Alvin y las ardillas; a una fantástica Catherine Zeta-Jones, que regresa al musical después de “Chicago”; Alec Baldwin y Russell Brand, la pareja gay de la historia; así como Mary J. Blige, la propietaria de un sensual Tabel Dance.
Todos ellos apoyando el lanzamiento protagónico de nada más y nada menos que Diego (González) Boneta, actor y cantante mexicano que usa como nombre artístico el apellido de su madre, esto quizá para darle un aire más internacional a su presencia.
Su pareja es Julianne Hough, quien tiene la responsabilidad de no hacer caer esta cinta tal y como lo hizo con la reciente versión para cine de “Footloose”.
Este año tuve la oportunidad de conocer al director y productor argentino James Murray, a quien por cierto invite a escribir una presentación de la segunda edición del libro mencionado líneas arriba, a quien le comenté sobre este rechazo de mi parte hacia los musicales “de rockola”, a lo que él me dijo, “lo importante es que la gente vaya al teatro Fabián y, en verdad te lo digo, si con esta fórmula acuden a las salas, y se venden boletos ¿qué más da? Sólo que lo hagan bien”.
Después de ver que se puede hacer un buen intento, como ocurrió con “Rock of Ages”, creo que mi amigo tiene razón.
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