8 de septiembre de 2012 Espejo Retrovisor: Las propuestas fílmicas del Short Shorts
por Leopoldo Villarello Cervantes |
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Entre lo que podrá verse en los programas nacionales e internacionales de la séptima edición del Short Shorts Film Festival México (SSFFM), que inició el jueves pasado y concluirá este 14 de septiembre, destacan tres cortometrajes, uno de producción italiana y los otros de origen canadiense.
“Sotto casa” (Bajo la casa, 2011, Italia), muestra de manera metafórica una de las complicaciones de vivir en grandes metrópolis, derivado de la muy alta cantidad de automóviles en circulación y por oposición, la disminución o falta de espacios para estacionarse.
El filme narra la inmensa felicidad que embarga a un hombre, lo increíble que le acontece una tarde al pasar en su automóvil frente al edificio donde habita: encuentra un lugar libre para estacionarse.
Cual si estuviera en un sueño del cual no desearía despertar, se acomoda, los ojos le brillan de alegría, no cabe en sí de gozo, no sabe cómo demostrar y expresar su sentir, la emoción insólita. Quisiera de inmediato darlo a conocer, pues se trata de algo que probablemente jamás se repita.
Ese momento trastoca su vida, desea celebrarlo, no hacer lo mismo que a diario, ni siquiera entrar a su hogar, sino permanecer ahí mirando su vehículo, siendo la envidia de todos los que circulan en busca de un lugar para estacionar su auto.
Esa jornada y esa noche son únicas en la vida de Stefano y de su esposa Melania. Disfrutarán cada minuto, se irán a pasear, y renacerá el amor que se tienen, pero con un evento extra, de postre.
En sólo cinco minutos, el guionista Alessio Laurio cuenta unas horas memorables en la existencia de ese hombre, de su esposa y de su familia entera, pues emocionado por ese acontecimiento, Stefano telefonea a todos sus conocidos, quienes al otro lado del auricular creerán que es imposible: no al lado, no a unos metros, se estacionó exactamente en frente a la puerta de su casa (“Sotto casa”, como reza el título).
Stefano se asomará desde el balcón de su ventana para contemplar el milagro a que se ha hecho merecedor, querrá que el tiempo se detenga, que el amanecer se retrase, que la mañana se congele.
Más emotivo es lo que le aguarda al salir, al dejar atrás la puerta de su hogar. Asumimos que anhelaría nunca más mover su automóvil, adherirse a ese rectángulo en la calle. Sin embargo, al ascender al auto y ponerlo en marcha, los suspiros afianzan su decisión.
Cuando su carro está por moverse en reversa y abandonar ese espacio que le sublimó, aparece otro hombre en su vehículo, a la busca de dónde estacionarse.
Stefano duda. ¿Quizá se desquite y lo haga sufrir?, pero su corazón ha mutado en esa noche. Heredará ese lugar en la calle. Que una persona más disfrute, sea feliz, tenga una jornada como la que él ha paladeado. Si él fue afortunado, debe ser compartido. Sus padres y suegros continuarán platicando ese hecho único.
“FTW” (2011, Canadá), por su parte, simula ser una historia de superación sobre una niña héroe dispuesta a conseguir por lo que ha luchado, y concluye en un humor de alta negritud o de crueldad sui géneris.
Mallory, la pequeña, un tanto llenita, sale de su casa en ropa atlética, y se acomoda una cinta alrededor de la cabeza como seguramente ha visto hacerlo a sus ídolos. Se encamina a la escuela. Va a una competencia.
Todo está listo para la carrera en que habrá de participar. Es la primera en ponerse en posición, antes de que el juez, un profesor del colegio, se los indique.
El profesor ha revisado la pistola con que dará la salida, acerca su dedo al gatillo. Las niñas están en posición, en el piso, esperando la señal.
La tensión se suma. El maestro va a dar la salida… De improviso, en vez de dar el arranque, se lleva la pistola a la sien y dispara. Un chorro de sangre brota de cabeza.
Mallory está tan embebida en su carril (el uno), que parte de inmediato al escuchar el disparo. Empieza a correr. El resto de las niñas han visto lo que sucedió, van hacia el profesor al igual que el resto de la gente.
Mallory ni se ha enterado, da las zancadas a la gloria, llega a la meta, su cuerpo corta el listón. Ha ganado.
El otro cortometraje canadiense, “Trotteur ” (2010), también es una metáfora, pero sobre la lucha del hombre y la máquina: un reto, la carrera de un muchacho “raro” contra el tren, en medio de la nieve. Es su manera de vencer a la gente que no le acepta, a sus compañeros que le hacen bullying en la escuela, que se burlan de su rareza, de su nariz, de su tipo con rasgos entre animales y de muñeco.
A lo lejos, una niña, con el rostro similar al suyo, observa su esfuerzo, reafirma con su mirada y su osito de peluche en las manos los arrestos que dinamizan al pequeño.
El SSFFM también ha incluido “Balas”, una suma larga de breves escenas de muertes a pistola proyectadas en reversa, de manera que vemos cómo la gente salta del suelo, expulsa de su cuerpo el proyectil, se pone de pie y mete su pistola a la funda. La concepción original se diversifica, los muertos reviven y la violencia se revira.
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